Para Ananya, “Man Ray” no es solo una canción: es una cápsula de tiempo. Escucharla de nuevo es como abrir una puerta a un recuerdo específico, uno que no se borra con los años. En el video lírico, quiso capturar esa misma sensación, no con grandes efectos ni distracciones, sino manteniendo el foco en las palabras y en los detalles que hacen que la canción respire: la casa rosa vista desde la ventana, el West Village en un viernes por la noche, tener 19 años y sentir que todo está por pasar.

La idea no fue reconstruir el pasado, sino mostrar que nunca se fue. Ananya volvió a ese momento, revisó fotos, fragmentos, anotaciones, pequeñas pruebas de que lo vivido fue real. Y al ponerlas junto a “Man Ray”, todo cobró sentido. Como si la canción y esas imágenes hubieran estado esperando encontrarse. Hay algo íntimo en ese gesto: no se trata de nostalgia, sino de reconocimiento. De decir “esto fui, esto soy”

Ananya Presenta El Lyric Video Oficial De Su Nuevo Sencillo: “Man Ray”
Ananya / Foto: Melody Berkery

“Man Ray” tiene esa cualidad de canción que no necesita explicarse. Las imágenes que evoca son precisas, pero abiertas. Cada verso parece una escena, cada pausa una respiración. Y en el video, esa atmósfera se amplifica. No hay decorado, hay contexto. No hay artificio, hay memoria. Es un trabajo que no busca impresionar, sino conectar. Y lo hace desde lo más sencillo: una calle, una edad, una sensación.

Lo que Ananya logra con este proyecto es más que una pieza visual. Es una forma de documentar lo invisible. De mostrar que los recuerdos no son solo lo que pasó, sino cómo lo sentimos. Y que la música puede ser el hilo que une todo eso. “Man Ray” no es una canción sobre el pasado, es una canción que vive en el presente, porque sigue diciendo cosas que no se agotan.

Ananya - Long Jump (Official Music Video)

Hay algo muy honesto en cómo se relaciona con su propia obra. No la idealiza, no la encierra. La revisita con curiosidad, con afecto, con la voluntad de entenderla mejor. Y al hacerlo, nos invita a hacer lo mismo con nuestras propias memorias. A mirar atrás no para quedarnos ahí, sino para entender cómo llegamos hasta acá.

El resultado es un video que no grita, pero que dice mucho. Que no necesita grandes gestos para emocionar. Que se apoya en lo que ya estaba ahí: las palabras, las imágenes, los silencios. Y que deja espacio para que cada quien lo complete con lo suyo. Porque al final, todos tenemos una casa rosa, un viernes en el West Village, una edad que nos marcó.