Greg Freeman Presenta Su Nuevo Álbum: "Burnover"
Greg Freeman / Foto: Artista

Greg Freeman se ha convertido en un artesano singular de la canción, alguien que encuentra catarsis emocional y resonancias contemporáneas en la fealdad excéntrica del pasado. Su obra está impregnada de una sensación palpable de lugar, gracias a una entrega vocal urgente y a un lirismo evocador que recurre a la historia para construir relatos centrados en personajes atravesados por la violencia, la pérdida y súbitas epifanías.

En su segundo álbum, Burnover, publicado hoy, el artista nacido en Maryland y radicado en Burlington, Vermont, se sumerge en el complejo trasfondo cultural del noreste estadounidense para cantar sobre el duelo, la alienación y la claridad que surge al abrirse al amor. Son diez canciones explosivas, inquietantes y rotundas que funden el ímpetu del indie rock con un acentuado matiz folk y twang errante. Es, sin duda, su obra más ambiciosa y personal hasta la fecha, consolidando su lugar como un compositor de voz única.

Greg Freeman – Burnover (Álbum Completo)

 

Su debut, I Looked Out (2022), apareció de manera casi secreta: sin campaña de prensa, sin sello y sin promoción en la industria musical. Aun así, obtuvo elogios en medios como Stereogum y Uproxx, lo que le abrió paso a un intenso calendario de giras. Ese estilo de vida itinerante, marcado por eternos trayectos en carretera, lo llevó a reflexionar sobre la noción de hogar y sobre su propio papel en él. “Intentaba hacer un álbum sobre el lugar donde vivo, sin hablar de mí directamente ni de lo que me rodea”, explica. Mientras recorría Vermont en coche, se encontraba con los lugares de nacimiento de figuras como Joseph Smith, fundador del mormonismo, o Ethan Allen, ícono de la Guerra de Independencia y del propio estado. “Me atraían esos personajes regionales, algo trágicos, que todavía ayudan a entender la cultura de la zona”.

Track List:

1. Point and Shoot
2. Salesman
3. Rome, New York
4. Gallic Shrug
5. Burnover
6. Gulch
7. Curtain
8. Gone (Can Mean a Lot of Things)
9. Sawmill
10. Wolf Pine

El título Burnover alude al “Burned-Over District”, denominación para ciertas áreas del centro y oeste de Nueva York que, en el siglo XIX, se convirtieron en epicentros de movimientos religiosos apocalípticos y comunidades utópicas. Freeman se inspira en ese ambiente febril, en lecturas como Heaven’s Ditch de Jack Kelly, o en autores como Louise Glück, Emily Dickinson y Jim Thompson. En el disco late una sensación de peligro o revelación acechando detrás de cada esquina. Se abre con la ominosa “Point and Shoot”, donde canta: “But I was lost like a little child / In a wilderness where the West was way too wild”. Es un tema eléctrico, con impulso tangible y arreglos expansivos que marcan el tono.

Durante la gira de I Looked Out, Freeman transformó su banda en un quinteto donde él era el único guitarrista, dinámica que trasladó a la grabación de Burnover. Lo registró junto a Benny Yurco, el baterista Zack James (Dari Bay, Robber Robber) y su grupo en vivo, en Little Jamaica Recordings (Burlington). “Quería escribir canciones divertidas y desafiantes de tocar en guitarra, con un poco más de movimiento”, explica. De ahí emergen piezas como “Gone (Can Mean a Lot of Things)”, donde la intensidad estalla y sus guitarras envuelven el tema con crujidos y líneas enredadas.

A pesar de su poder ruidoso y propulsivo, Burnover también ofrece momentos de intimidad y belleza. En “Gallic Shrug”, un corte sobrio y melancólico que recuerda al Paul Westerberg más honesto, Freeman canta: “You’re looking to the sky for love and all you get is a Gallic Shrug”. Sus personajes son buscadores, almas que intentan comprender un paisaje que nunca les perteneció del todo. En “Gone”, por ejemplo, se escucha: “Down in Rensselaer, nothing’s quite clear / You can cross the plane, but gone can mean a lot of things”. Y en “Salesman”, impulsada por los metales de Cam Gilmour, las pedal steel de Ben Rodgers y las armonías cristalinas de Lily Seabird, la canción alcanza un clímax estremecedor que transmite la energía volcánica de su banda en directo.

Aunque Burnover aborda la sensación de ser un forastero y confronta los mitos estadounidenses para desarmar y reconstruir identidades, también refleja la comunidad que Freeman ha tejido en Vermont. “Podía grabar el disco en otro lugar, pero quería que mis amigos participaran, así que la decisión fue obvia”, señala. El resultado es una colección de canciones vibrantes, inmediatas, que parecen repletas de puntos de anclaje emocionales. “Con este álbum solo quería que hubiera la mayor cantidad posible de cosas a las que aferrarse”.

El presente de Freeman es intenso: tras un show con This Is Lorelei en el Knockdown Center de Nueva York, se prepara para un año cargado de escenarios. En agosto encabezará una gira europea, en octubre será telonero de Grandaddy en Estados Unidos y, en diciembre, regresará con un tour propio por la costa oeste. Un itinerario que confirma que su búsqueda artística no entiende de reposo y que cada paso lo consolida más como uno de los narradores musicales más originales de su generación.